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Rajoy habla mucho/poco del pasado y poco/nada del futuro

Mariano Rajoy es hombre reacio a dar titulares a los medios de comunicación. Sobre todo, en sus comparecencias bianuales en las que, como ocurrió este viernes, da fin al curso político. Yo diría que el presidente es, en esto, también previsible: no da una noticia si puede evitarlo. Y puede. Así que confieso que me aburrí yendo a La Moncloa, donde, como viene siendo habitual en los últimos tres años, ni siquiera pude introducir una pregunta en la rueda de prensa presidencial.

Rajoy dice que no quiere hablar del pasado y sí del futuro. Pero habla casi nada del futuro y sí bastante del pasado. Lo que ocurre es que vadea las preguntas sobre cosas que han sucedido y le disgustan –como la Operación Púnica, a la que ni citó, o el traspiés de la reforma del aborto—y, por el contrario, se sigue refiriendo de manera prolija a todo lo logrado en materia económica a lo largo de la Legislatura. Por lo que se refiere al futuro, sus referencias son siempre genéricas: imposible saber, por ejemplo, si tiene un plan concreto para impedir unas elecciones plebiscitarias en Cataluña, o qué política de alianzas va a seguir, o qué cambios va a introducir, si es que va a introducir alguno, en la ofensiva electoral que aseguran que va a emprender de manera inminente.

Ciertamente, la comparecencia con la que inició unas relativas vacaciones de verano –este mes de agosto va a ser pródigo en sucesos políticos, incluyendo la actividad parlamentaria— tenía algo de electoralista: elogios a los funcionarios a los que acaba de mejorar un poco la vida, mejoras en la financiación de las autonomías, más becas, más dinero para i+d en los Presupuestos aprobados ayer y que presentó a vuelapluma…y un largo repaso, de casi media hora, a los logros económicos, de los que, al final, los servicios de La Moncloa entregaron, como es habitual, un informe a los periodistas: ocho trimestres de crecimiento consecutivo, España supera y mejora las perspectivas, España crecerá más que los países desarrollados, menos déficit, más empleo, más exportaciones. Rajoy lo borda: tiene una larga experiencia ya en ese tipo de paseos triunfalistas y nada autocríticos por el pretérito, y debo reconocer que comprendo que lo haga. Pero hay que pedir, como simple periodista y como nada menos que ciudadano lo digo, algo más.

Es en el turno de preguntas-respuestas donde el presidente decae un poco. Venía tan decidido a no decir expresamente si se aplicará o no el artículo 155 de la Constitución a la autonomía catalana que hasta se equivocó y, en respuesta a una pregunta sobre el déficit, citó el mentado 155 en lugar del reformado 135. A Rajoy no le gusta, obviamente, Artur Mas, y nada dice de volver a dialogar con él, aunque tampoco dice cómo piensa evitar su declaración unilateral de independencia tras unas elecciones, las del próximo 27 de septiembre, que inevitablemente tendrán, como dijo uno de los periodistas a los que se le concedió la palabra, un cierto carácter plebiscitario, nos guste o no nos guste.

Tampoco le agrada al presidente que le hablen de la corrupción (ciertamente pasada) en el PP, ni menciona por sus nombres las operaciones Púnica y Gürtel, como durante una larga temporada tampoco mencionó a Luis Bárcenas por su nombre. Ni le gustan, es igualmente obvio, Pedro Sánchez –a cuyo partido acusó de pactar con independentistas en Cataluña–, ni Albert Rivera, con quien posiblemente tendrá que intentar arreglarse aunque huya de decirlo, ni, menos, claro está, Pablo Iglesias, a quienes también, claro, evitó mentar expresamente. Tampoco le agrada que le reiteren preguntas sobre la reforma de la Constitución, que, para él, “no es la prioridad española”, aunque admita que “es un tema que tenemos abierto”: “lo importante es buscar el consenso”, añadió, como tantas otras veces al ser preguntado por esta cuestión, quitándose así de encima el pegajoso asunto.

En fin, que es como si en este país, donde los ciudadanos andamos presos de angustias varias, no pasara nada, excepto lo bueno, futura rebaja de impuestos incluida. Así, supongo, nos vamos más contentos de vacaciones. Quienes se vayan de vacaciones, naturalmente.
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